Existe un notable consenso en situar el origen de nuestro alfabeto en la evolución de los signos fenicios que, en una de sus derivaciones, pasarían al griego y de ahí al sistema actual pero, ¿que ocurriría si el origen de nuestras letras se pudiera contar de otro modo? ¿Y si -por ejemplo- el signo «A» fuera realmente una cabeza de buey como sugería Brossa?

Composición. BunkerType.
En esa nueva historia el signo R no sería más que una P con cayado, o la B una P con doble joroba (¿acaso no confundimos el común de los mortales camellos con dromedarios?). Reescribir el origen de esos pequeños signos cada vez que alguien lo imaginara seria un merecido premio para todos aquellos que así lo hicieran.

Composición. BunkerType.
Tal vez, en esa historia, las letras O -siempre escondidas detrás de algo- serían las letras más tímidas del alfabeto. Tanto, que a menudo las creeríamos U.

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*Disponible en la tienda online de BunkerType.

 

 

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Jesus Morentin

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